HAY UN CIERTO PLACER EN LA LOCURA QUE SOLO EL LOCO CONOCE

——-GENESIS——-

Empezó sin mucha pinta de realismo, como a menudo son los sueños. Un “ride”, un carro, dos compas. Fórmula más común que el arroz y frijolitos don Pedro en soda chepeña. Y sin embargo, resultó en un torbellino que resultó en un “ride” que ya incluye tres continentes, el carro volviéndose en ícono y los compas volviéndose socios de un proyecto que ha marcado el reloj de sus vidas.

¿Qué carajos le pusieron a ese gallo pinto? “Locura Sancho, locura.” Pues donde algunos ven molinos, Oli y yo vimos gigantes.

Consigo, para funcionar…la locura ha venido cargada de pragmatismo, una actitud práctica hacia la persecución de un sueño en constante evolución que sólo ha sobrevivido por la capacidad de adaptación de sus protagonistas, incluido el mismo Chunche, que ya va por su tercera piel. La conclusión: dos cucharadas de locura, una cucharadita de estrategia clara, y 10g de tolerancia resultan en un platillo que ni Tía Florita se hubiera ingeniado.

Qué placer poder decirlo con seguridad: Subite al Chunche es un matrimonio funcional entre la locura y la responsabilidad.

———-UN CAMBIO DE VIDA———-

Por ahí escuché que el amor hace que lo imposible se vuelva inevitable. Y bajo esa premisa, ¡qué amor le tenemos a esa camiseta roja! Esa camiseta que nos ha cambiado la vida. Fue la misma ausencia de esa camiseta que nos impulsó a pintarle (a mano y con pintura en spray) en el costado al primer Chunche (Vocho de 1969): “Costa Rica sí vino al mundial” y con ese brochazo sembrar la pregunta que ha dictado nuestras decisiones en los últimos ocho años: “¿Cómo diablos llegamos al próximo mundial?”

En nuestro intento de responderla, hemos encontrado propósito y escrito historias que esperamos entretengan hasta nuestros nietos. Oli renunció a su trabajo en construcción, yo al mío como reportero de CNN. Hoy, Oli, ingeniero civil, trabaja para el Manchester City. Yo, politólogo, guiando viajes de aventura por el mundo. Ni el pulpo Paul hubiera adivinado esa.

Lo cierto es que en el momento que compramos ese primer boleto de avión rumbo a Ciudad del Cabo, el rumbo de nuestra vida cambió radicalmente para siempre.

En el próximo post, los llevamos al momento que decidimos irnos por tierra a Brasil, y la ruta que acompañaría nuestro sueño mientras se convertía en realidad.